2 CORINTIOS 5:17 — NUEVA CRIATURA EN CRISTO
TESTIMONIOS
Estas son historias reales de personas que estuvieron perdidas y encontraron salvación, restauración y vida nueva a través del poder de Jesucristo y la obra de este ministerio.
TESTIMONIO
"Estuve años destruido por las drogas. Hoy camino libre porque Cristo me encontró en las calles."
DE LAS APARIENCIAS A LA VERDADERA FELICIDAD
Testimonio de Miguel Morales
Buscando la felicidad, terminé involucrándome en el narcotráfico.
Veía a algunos de mis familiares y todos los lujos que tenían: carros, ropa, dinero… y todo eso llamaba mi atención. Yo venía de un barrio humilde, rodeado de pobreza, y llegó un momento en que me cansé de vivir así. Quería tener lujos, quería una vida diferente, pero no sabía el precio que al final tendría que pagar.
Viví una mentira: una vida llena de apariencias y una felicidad fingida.
Tenía dinero, pero cuando llegaba la noche y me encontraba solo en un hotel, comenzaba a derramar lágrimas. Por fuera parecía tenerlo todo, pero por dentro cargaba un vacío que nada podía llenar.
También llevaba dentro de mí un odio y un resentimiento que no podía explicar. Eso me llevó a refugiarme en el alcohol y las drogas, hasta llegar al punto en que mi propia vida dejó de importarme.
Pero un día alguien me habló de Jesucristo.
Con el tiempo comprendí que la vida que estaba viviendo no era el camino correcto. Poco a poco, aquel vacío que llevaba dentro comenzó a llenarse de amor. Todo el odio, el resentimiento y las heridas que cargaba fueron sanados por Jesucristo.
Cristo me sanó, me restauró y transformó mi vida.
A todos aquellos que hoy se encuentran donde yo estuve, quiero decirles algo: las drogas, el alcohol y el narcotráfico destruyeron mi vida, y también pueden destruir la tuya si continúas por ese camino.
Hoy puedo decir que soy verdaderamente feliz. No es una felicidad de labios ni de apariencias; es una felicidad que nace del corazón.
¡En Cristo soy feliz!
Ven a Él. En Jesucristo puedes encontrar la paz, el amor, la restauración y la verdadera felicidad que este mundo nunca podrá darte.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
Mateo 11:28
Miguel Morales
TESTIMONIO
"Llegué a la casa de restauración sin nada. ESTOY con fe, con propósito y con una familia nueva en Cristo."
De la soledad y el alcoholismo a una nueva vida en Cristo
tESTIMONIO DE ELICEO HERNADEZ
Antes de llegar a probar la cerveza y el vino, yo era una persona noble y tranquila. Al llegar a este país comencé a trabajar en el campo, en diferentes cosechas, pero con el paso del tiempo empecé a sentirme muy solo.
Esa soledad fue una de las causas que me llevó a refugiarme en el alcohol. Poco a poco me fui convirtiendo en una persona irresponsable. Dejé de mandar dinero a mi familia en la República Mexicana y, sin darme cuenta, el alcohol se convirtió en parte de mi vida.
Comencé a beber tratando de llenar el vacío y la soledad que llevaba dentro de mí, ignorando las graves consecuencias que vendrían después. A causa del alcoholismo terminé varias veces en el hospital. La realidad era que yo ya estaba cansado de esa vida.
No podía compartir lo que sentía con mis compañeros porque pensaba que, si les decía que no era feliz, que estaba cansado de vivir de esa manera y que necesitaba ayuda, se iban a reír de mí.
Esta es una realidad que sucede en muchos ambientes: en lugar de animarte a cambiar por tu bienestar y el de tu familia, algunas personas te invitan a continuar en la misma vida, te rechazan o se burlan cuando intentas salir adelante.
Pero decidí que eso no me iba a detener. Busqué ayuda y, gracias a Dios, la encontré.
Fui recibido con los brazos abiertos, a pesar de la condición en la que llegué: destruido por el alcoholismo, sin Dios y sin esperanza.
Hoy mi vida es diferente. En lugar de gastar mi dinero en mi propia destrucción, puedo apoyar a mi familia. Ellos ya no viven con la preocupación de recibir una llamada diciendo que algo malo me sucedió o que había muerto a causa del alcohol.
Le doy gracias a Dios por haber enviado a su Hijo Jesucristo a morir en la cruz por los pecadores, de los cuales yo me considero el primero.
“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.”
1 Timoteo 1:15
Eliseo Hernández
TESTIMONIO
"Pensé que no había salida. Cristo me demostró que siempre hay una puerta abierta para quien quiere cambiar."
DE LAS PANDILLAS Y LA ADICCIÓN A UNA NUEVA VIDA EN CRISTO
Moses quesada
Durante 23 años viví en una adicción activa. También fui miembro de una pandilla dentro del sistema carcelario. Desde muy temprana edad estuve expuesto a un ambiente de fiestas, drogas y violencia.
Vengo de una familia numerosa. Cuando era niño veía cómo dos de mis tíos entraban y salían de la cárcel. En aquel tiempo, por mi falta de madurez, llegué a pensar que ese estilo de vida era algo admirable. Los veía como un ejemplo y quería crecer para ser como ellos.
La violencia estuvo presente desde mis primeros años. Mi madre también luchaba con la adicción a las drogas. Recuerdo que cuando la escuchaba discutir con alguien, yo corría a esconderme. Muchas veces quería llorar, pero tenía tanto miedo que aprendí a guardar el dolor dentro de mí.
Crecí con mucho temor e inseguridad. Nunca tuve a mi padre presente ni una figura paterna a quien admirar. Mi madre hizo lo que pudo para ser madre y padre para mí, pero yo crecí rebelde, haciendo lo que quería y buscando aceptación en los lugares equivocados.
A los 12 años comencé a involucrarme con las pandillas. Gran parte de mi familia estaba relacionada con ese ambiente y, en vez de desanimarme, algunos me impulsaron a seguir ese camino.
Fue también durante esa etapa cuando conocí la metanfetamina. Primero comencé inhalándola y después fumándola. Mientras otros adolescentes de mi edad estaban en la escuela, practicando deportes o disfrutando de una juventud normal, mis años de adolescencia estuvieron marcados por las drogas, la violencia de pandillas y relaciones destructivas.
Tuve hijos siendo muy joven, pero mis relaciones estaban profundamente afectadas por las drogas y por el estilo de vida que llevaba. Llegué a enfrentar un caso de violencia doméstica contra la madre de mis hijos y terminé en prisión.
Después de un tiempo fui puesto en libertad, pero al salir me encontré deprimido y solo. Extrañaba a mi familia y trataba de llenar ese vacío refugiándome nuevamente en las drogas y en las calles.
Volví a la cárcel por violar mi libertad condicional. Durante aproximadamente un año y medio entré y salí repetidamente de prisión.
Mi vida se estaba destruyendo
.
Cuando consumía drogas podía pasar varios días sin dormir. Llegué al punto en que fumar metanfetamina ya no era suficiente para mí y comencé a inyectármela directamente en las venas.
Hoy puedo mirar hacia atrás y reconocer que Dios estuvo conmigo aun en los momentos más oscuros de mi vida. Pude haber muerto fácilmente por una sobredosis o haber sido asesinado en las calles debido a mi participación en pandillas.
Dentro de ese ambiente muchas veces escuchábamos que el final de un pandillero era morir en las calles o pasar el resto de su vida en prisión. Yo conocía esas consecuencias, pero había llegado a un punto en el que ya no me importaba lo que pudiera sucederme
.
Después de salir de prisión pensaba:
"No voy a dormir. Dormiré cuando regrese a la cárcel."
Entraba y salía de diferentes programas de rehabilitación. En el fondo tenía el deseo de cambiar mi vida, pero durante mucho tiempo ese deseo solamente fue un pensamiento. Nunca lo convertía en una verdadera decisión.
Hasta que algo comenzó a cambiar.
La última vez que estuve en la cárcel sentí que Dios estaba tratando con mi corazón. Comencé a reflexionar sobre mi vida y comprendí que estaba jugando a la ruleta rusa con mi futuro.
Sabía que si continuaba por ese camino, mi final estaba cada vez más cerca.
En aquel momento no conocía mucho de la Palabra de Dios, pero entendía que necesitaba un cambio verdadero.
Finalmente llegué a una casa de rehabilitación en Winton, California, y allí comenzó una nueva etapa de mi vida.
Llegué buscando ayuda, pero encontré mucho más.
Encontré a Jesucristo.
Anteriormente nunca podía permanecer mucho tiempo en un solo lugar, pero había algo diferente en aquella iglesia. Podía sentir la presencia de Dios. Encontré compañerismo y personas que me mostraron un amor que yo no estaba acostumbrado a recibir.
Los hermanos y hermanas me recibieron con los brazos abiertos.
Durante gran parte de mi vida había creído que si alguien me daba un abrazo o hacía algo bueno por mí era porque esperaba recibir algo a cambio. Siempre desconfiaba de las intenciones de las personas.
Pero Dios comenzó a cambiar mi manera de pensar.
Con el tiempo pude comprender algo mucho más grande:
Dios me estaba devolviendo mi vida.
Y no solamente la vida que había perdido, sino una vida nueva y verdadera.
Hoy ya no necesito drogas ni alcohol para sentirme bien. Mis hijos están nuevamente en mi vida y puedo ver cómo Dios está restaurando áreas que durante años parecían completamente destruidas.
Muchas de las cosas buenas que hoy están sucediendo no son producto únicamente de mis fuerzas. Sé que Dios está moviendo las piezas y dirigiendo mi camino.
Ahora quiero que Dios sea quien marque la dirección de mi vida.
Cada día trato de buscarlo y acercarme más a Él.
Si alguien que está leyendo mi historia se encuentra atrapado en las drogas, el alcohol, las pandillas, el miedo, el dolor o la desesperación, quiero decirle algo:
No importa qué tan lejos hayas llegado, todavía hay esperanza.
Haz todo lo que esté en tus manos para acercarte a Dios. Busca ayuda. Permite que otras personas te extiendan la mano y toma la decisión de cambiar.
Yo viví durante años pensando que no había salida, pero Jesucristo me mostró que sí la había.
El enemigo vino para robar, matar y destruir, pero Jesucristo vino para darnos vida, y vida en abundancia.
Hoy puedo mirar mi pasado y reconocer de dónde Dios me sacó.
Antes estaba perdido entre las drogas, la violencia, las pandillas y las cárceles. Hoy soy testimonio de que Dios todavía restaura vidas.
El ladron no viene sino para hurtar matar y destruir;
yo he venido para que tengan vida,
y para que la tengan en abundancia.
juan 10;10
Moses Quesada
TESTIMONIO EN VIDEO
Moses Quesada
TESTIMONIO
El porque me involucre en las drogas
Ismael Garcia
Mi experiencia con las drogas y el alcohol empezó a la edad de los 11 años y fue muy mala. Probé la cocaína y el alcohol sin que mis padres se dieran cuenta. Tristemente, sin darme cuenta, mis amigos fueron fuente de influencia. Al andar en drogas me invitaron a consumirlas y al pasar el tiempo me di cuenta que las drogas acabaron conmigo. Perdí a mi familia y me encontraba solo en las calles. Por querer llenar el vacío y el dolor que había dentro de mí, me refugié en la drogadicción.
Muchas veces las personas que vivimos ese estilo de vida guardamos cosas muy personales que no compartimos con nadie. Durante años llevamos cargando un silencio dentro de nosotros que no compartimos con nadie porque si abrimos nuestro corazón con nuestros amigos nos ignoran o se ríen de cómo nos sentimos. Por eso tenemos que seguir ahí con una vida de apariencias, aparentando ser lo que no somos.
Llegó el tiempo que me cansé de la vida que yo vivía y dejé mi orgullo a un lado. Busqué ayuda en unas casas de rehabilitación en la ciudad de Winton, Ca. Allí me guiaron a conocer de Jesucristo y tomé la decisión de entregarle mi vida a Él, y Él me perdonó, me transformó y ahora soy una nueva creación de Dios. Ahora puedo decir
sinceramente que soy feliz en Cristo Jesús.
El vacío que yo tenía sin Jesús, Él lo llenó y ahora tengo una identidad en Cristo Jesús. Recuerda, no todo está perdido, ¡hay esperanza! Ven a Jesús y la paz encontrarás. Si Jesucristo lo hizo en mí, que yo antes andaba en las calles hablando solo y no podía salir de esa vida de miseria, quiero decirte que Dios lo hará en cualquier persona, no importando su condición.
Solamente es necesario que quiera hacer ese cambio en su vida.
2 Corintios 5:17
De modo que si alguno esta en Cristo, Nueva cruatura es;
las cosas viejas pasaron; he aqui todas son hecha nuevas
Ismael García
TU HISTORIA PUEDE SER LA SIGUIENTE
No importa hasta dónde hayas caído. En Cristo hay restauración completa. Da el primer paso hoy y permite que Dios escriba un nuevo capítulo en tu vida.